Chordeleg, brilla por sus joyas

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Su belleza natural, pero sobre todo por la alta producción de joyas en oro y plata, hace de Chordeleg un centro de atracción turístico nacional e internacional. Este cantón azuayo está rodeado de magia, de paisajes de singular belleza y del brillo del metal dorado que le otorgan los más de 140 talleres y joyerías ubicados en el centro de la ciudad. Esta visita garantiza una experiencia artesanal única en el Ecuador.

 

 Basta con recorrer las angostas calles de Chordeleg (a 40 kilómetros al oeste de Cuenca), visitar sus museos y joyerías para comprender por qué esta ciudad es conocida como Chorro de Oro. Su esplendor se da por los años 800, con los vestigios de las ruinas de Llaver: un mítico espacio en la cima de una montaña donde se aprecia una enorme culebra construidas con piedras acumuladas.

 

Según la historia, los incas habían guardado en este territorio grandes depósitos de oro. Con el tiempo, tras excavaciones los febriles huaqueros encontraron abundantes objetos en oro, plata y cerámica. Hoy –siglos después- las generaciones siguen haciendo suyos los metales.

 

El acogedor pueblo está rodeado de montañas y naturaleza. Sus calles de adoquín y sus casonas conservadas combinan lo moderno con lo tradicional. La urbe ha crecido de forma progresiva en lo turístico y comercial.

 

La producción de joyas, en manos de más de 500 artesanos, le ha impuesto su sello nacional. El pueblo vive de la orfebrería en sus diferentes ramas: trocado, troquelado, vaciado, gravado, tallado, enjoye…

 

Los destellos del sol del mediodía refulgen en las joyas esculpidas que guardan las impecables vitrinas de las casonas que circundan el centro. La creatividad de los artesanos que se dedican a este negocio va más allá de lo convencional. Han creado cientos de hermosos modelos (desde diseños simples hasta la técnica de la filigrana) en aretes, cadenas, pulseras, adornos… y siguen innovando y marcando tendencia en el país.

 

Siempre hay accesorios de moda, por eso, esta actividad sigue siendo fructífera, dice el empresario Carlos Orellana. Ángeles, flores, orquídeas, caritas, estrellas, corazones… son parte de los detalles de los aretes, dijes, pulseras…

 

Hay artesanos destacados, que son vistos con absoluto respeto y como verdaderos maestros. Uno de ellos es Jorge Torres, de 60 años, a quien Orellana lo valora porque además guarda las riquezas más valiosas: humildad, nobleza y amabilidad con la gente. 

 

El Museo de Chordeleg es el símbolo de los artesanos de este cantón porque guarda la candonga (arete) más grande del mundo. La réplica de esta joya mide 1,73 metros de largo y un metro de ancho. Fue elaborada por los jóvenes Wilson y Jorge Lituma, Juan Carlos Jara y Juan Tacuri.

 

Dos meses demoró la obra propuesta por Eduardo Farfán, quién viajó a EE.UU. y desde allá impulsó su construcción para que la gente relacione a la candonga como el accesorio típico de Chordeleg. 

 

A diario Chordeleg recibe personas de varias partes del mundo para confirmar su fama y adquirir alguna joya. Los comercios y joyerías del Centro Histórico abren sus puertas al público de martes a domingo, a partir de las 09:30. Los fines de semana es común ver grandes grupos de turistas nacionales y extranjeros recorriendo la urbe.

 

Carlos Lara, es guía y trabaja con agencias Quito y Cuenca. En su oferta turística de Azuay incluye un recorrido por Chordeleg. “Las casas de estilo colonial son hermosas ante los ojos de los visitantes. Todos quedan admirados por la altísima producción  de joyas y no se resisten a adquirir una, dice Lara.

Algo de historia

 

Las primeras joyerías aparecieron hace más de 40 años y no han desaparecido pese a las crisis. Entre ellas están la Joyería Chordeleg, de Magdalena Saquicela; Chorro de Oro, de Vicente Saquicela; Yachagchig, de Zoila Orellana y Humberto Espinoza. Don Humberto evocó que a una cuadra del parque central, puso dos vitrinas para exhibir sus trabajos en plata y oro.

 

Para ese tiempo ya había alta demanda en la compra de joyas por parte de comerciantes del norte del país. Con estos comerciantes se dinamizó la economía y comenzó el turismo. Ese rápido desarrollo comercial creó la apertura de más talleres y de fuentes de trabajo.

 

Entre esos talleres estaban el de Eduardo Orellana, especializado en la elaboración de cadenas y pulseras en oro de 18 kilates y de Gilberto Jara, experto en la técnica de la filigrana. El último es un trabajo manual lento que consiste en entorchar delgadísimos hilo de plata y oro (como un cabello) para obtener finas joyas y otros adornos.

 

Nadie recuerda con precisión cómo se introdujo este laborioso arte que demanda mucha paciencia y laboriosidad, y que se transmite de padres a hijos. Manolo, de 48 años, heredó el oficio y la técnica de su padre Gilberto Jara.

 

Él cuenta que para la creación de nuevas joyas se inspira en la naturaleza (hojas, flores, animales, árboles…). Unos detalles los hace de forma manual y para otros se apoya en una laminadora doble.

 

El montaje de la pieza, llenar con los hilos, ensamblar, fijar y dar brillo le puede tomar hasta 15 días, dependiendo el tamaño de la pieza. “Siempre hay que ser creativo”.

 

La creatividad está en los diseños, en las técnicas y la combinación de los metales. Por ejemplo, en la actualidad tienen una importante acogida los productos elaborados en oro blanco, rosado y azul, en 18 quilates, combinado con paladio, cobre o acero inoxidable.

 

Hay negocios como el de Juan Carlos Orellana que hace todo tipo de joyas, y como complemento tiene una mini fábrica demostrativa para atraer a los visitantes.

 

Chordeleg es poseedora de leyendas ancestrales, historias y tradiciones que con el paso del tiempo han marcado la identidad de su gente y que están plasmados en sus joyas. Hay viajes que están hechos para aventurar, para relajarse, para fotografiar, para comer… y otros como este que sencillamente crean un puente para regresar y contar su historia.

 

PARA SABER

Juan Tacuri es un joven artesano que ha elaborado coronas para reinas de belleza a nivel nacional e internacional. Su especialidad es el trabajo en filigrana. Su taller lo tiene en su casa, a pocos metros de la entrada a Chordeleg. También hace demostraciones de sus trabajos a los turistas que lo visitan.

  

Ma. Isabel López ha creado su propia línea de joyas inspirada en las novias. Su marca Isabel López Joyería se cotiza a nivel nacional junto con las creaciones de tules y novias. La idea surgió hace un año con la  producción de tiaras, coronas, aretes, pulseras, diademas, broches, asares, anillos… en oro y plata, para los novios.

 

Junior Jara trabaja casi dos años en darle valor agregado a los productos en filigrana, con una incrustación de fina vidriería de colores en anillos, aretes, pulseras... Al ser una técnica nueva el joven guarda el secreto de su elaboración.

 

Cómo llegar: Desde Cuenca hay empresas intercantonales que salen desde el terminal con dirección a Chordeleg. El pasaje cuesta USD 1 y el viaje demora una hora. Si prefiere una carrera de taxi cuesta USD 20.